Los entornos políticos,
legales y culturales europeos, convierten al viejo continente en un blanco
fácil para este tipo de ataques.
Por ejemplo, las leyes
contra la discriminación en Europa castigan la expresión ofensiva, hasta el
punto en que meras opiniones se han visto penalizadas. Por lo tanto, individuos
que han sido percibidos como críticos del Islam o de los musulmanes han sido
procesados o buscaron el exilio para evitar la imputación.
Geert Wilders, líder del
Partido de la Libertad en los Países Bajos, está nuevamente bajo el radar de
los fiscales holandeses un año después que fue absuelto de una acusación por
incitación contra la población musulmana.
La actriz francesa
Brigitte Bardot fue procesada cinco veces en un período de 10 años por “incitar
contra el Islam”, después que hubo hecho una serie de despectivos comentarios
contra la población musulmana.
El intelectual francés
Alan Frinkielkraut fue demandado por cuestionar la opinión que las protestas y
disturbios causados por musulmanes, en Francia en el año 2005, no habían sido
necesariamente una reacción contra sus condiciones sociales, sino una expresión
de sentimientos étnicos y religiosos.
A la vez, el erudito
británico Bernard Lewis fue demandado por no aplicar el término “genocidio” a
las masacres de armenios a manos de los turcos durante la Primera Guerra
Mundial
La idea de criminalizar
ciertas opiniones consideradas ofensivas es contraproducente, incluso para la
población musulmana. En primer lugar porque crea resentimiento anti-musulmán entre
aquellos cuyas opiniones son reprimidas. Tales leyes efectivamente obstaculizan
la posibilidad de mantener un diálogo abierto y desprejuiciado que bien podrían
conducir a una comprensión clara de la distinción entre el Islam radical y
aquellos musulmanes que respetan la ley y el orden europeo.
Si una caricatura puede
causar este tipo de ataques atroces, tiene que ver con el hecho de que la
conducta Europea, indirectamente, ha decretado que este tipo de expresión
artística no es legítima. Tales restricciones aumentan la ira general cuyo
único beneficiario ha sido la extrema derecha. Hemos sido testigos de esto en
las últimas elecciones parlamentarias de la Unión Europea y en un número de
otras elecciones locales y nacionales.
El autor y periodista
Christopher Caldwell, que ha escrito un libro sobre este tema, ha señalado que
la cultura en Europa es tal que el orgullo étnico es aceptable, pero el
nacionalismo no lo es.
Y por esta misma lógica
podríamos decir que en Europa la islamofobia no es aceptable, pero el
anti-sionismo si lo es.
Por lo tanto, es en estas
contradicciones en las que Europa envalentona a los islamistas radicales.
Los europeos no
encuentran nada perverso en promover boicots académicos y de otro tipo contra
Israel. Los feroces ataques de la izquierda europea contra Israel no sólo
incluyen los medios de comunicación, académicos e ideólogos, sino también a los
políticos de los principales partidos políticos, particularmente los partidos
laboristas y social-demócratas. Un ejemplo de ello es cuando Illmar Reepalu,
alcalde de Malmö, Suecia, acusó a los judíos de Suecia de ser responsables de
la ola de antisemitismo, porque ellos se habían resistido a criticar las
políticas israelíes. Repalu, un socialdemócrata, también acusó al “lobby
pro-israelí” de ser responsable de las críticas que el recibió. ¿Acaso alguien
se ha atrevido a enjuiciar al alcalde intolerante por esta actitud
prácticamente antisemita?
El Partido
Socialdemócrata de Suecia ha logrado influir a la iglesia de Suecia quien ha
adoptado posiciones que han calificado la presencia israelí en Cisjordania como
un “pecado” y una “abominación contra Dios.” A la vez, esta
Iglesia no hizo
comentarios alguno sobre las masacres en Siria, la naturaleza asesina de Hamas,
o incluso el Estado Islámico mismo.
Como resultado de la
operación “Margen Protector” en Gaza, la presidente del Partido Laborista, de
la Comisión de Asuntos Exteriores y de Defensa en el Parlamento de Noruega,
hizo un llamado a boicotear los productos israelíes “fabricados en los
territorios ocupados.” El hecho de que Hamas bombardeó poblaciones civiles
israelíes o usa civiles palestinos como escudos humanos, no parece importar a
esta tendenciosa mujer y a sus copartidarios.
El año pasado en la
propia Dinamarca, el presidente del Parlamento danés, un socialdemócrata,
visitó Gaza (controlada por Hamas), pero no Israel. También califico al difunto
ex primer ministro israelí Ariel Sharon como un “líder militar brutal que no
tenía interés en llegar a un acuerdo con los palestinos.” Esto fue dicho pese
al hecho de que Sharon se retiró de Gaza y abogó por una desvinculación israelí
definitiva de Cisjordania.
Por último, la Unión
Europea declaró un boicot a los productos israelíes producidos más allá de la
línea verde. Esto incluye no sólo Cisjordania, pero también los Altos del
Golán, un territorio reclamado por Siria y que Siria nunca quiso negociar
seriamente a cambio de paz.
Del mismo modo, un
tribunal de la Unión Europea ha recomendado la eliminación de Hamás de la lista
de terroristas.
Europa ha vendido su
libertad de expresión y al Estado de Israel, un estado que ha luchado con
determinación y coraje contra el terrorismo y también es un aliado de
Occidente. Esto sólo puede ser interpretado por los islamistas radicales como
un signo de debilidad. Esto no traerá ninguna calma a Europa, sino que lo hará
más vulnerable a los episodios terroristas.
La población musulmana
incluso podría estar aliviada si un duro es infligido a los radicales
islámicos. Pero los europeos, especialmente la izquierda, sufren de una fuerte
dosis de lo que Karl Marx llamo “falsa conciencia”.
A menos que haya un
cambio de conciencia en Europa, así como una determinación política y moral,
esta seguirá siendo vulnerable a la amenaza del Islam radical.
Los recientes ataques terroristas son el resultado del fracaso político y cultural de Europa
02/Mar/2015
Por Israel, Por Luis Fleischman